María nos llama a la oración
María nos llama a la oración
Oh María, concebida sin pecado,
ruega por nosotros que recurrimos a ti,
y por todos los que no recurren a ti,
especialmente por los masones.
(San Maximiliano M. Kolbe)
Ofrecimiento diario
Padre eterno, por las purísimas manos de María, pongo en el cáliz
que hoy eleva todo sacerdote sobre el altar
mis pensamientos, mi trabajo, mis labores y sufrimientos,
mi presente, mi pasado, mi futuro,
todos mis pecados, todos mis seres queridos, todas las almas del mundo,
las benditas almas del purgatorio, la muerte misma.
Te ofrezco
cada latido de mi corazón, cada respiración, cada paso,
cada sonido, con la intención
de que cada una de estas acciones mías sea transformada por ti
en otros tantos actos de amor en reparación por los pecados del mundo.
Concede que, en unión con tu Hijo Jesucristo,
mi día sea una Misa continua, un sacrificio constante,
una comunión eterna,
para dar satisfacción a tu divina justicia.
Amén.
Unidos con Jesús, que renueva diariamente Su total consagración en la perfecta ofrenda de alabanza, acción de gracias,
reparación y petición de la Santa Misa, nosotros también podemos ofrecernos a nosotros mismos y a todos los que nos han sido confiados al Padre celestial en el Santo Sacrificio de la Misa. Toda alabanza, toda petición y toda ofrenda son como un vaso con el que extraemos continuamente nuevas gracias de los infinitos tesoros del Corazón de Dios.
Que sea alabado Dios
¡Bendito sea Dios!
¡Bendito sea su santo Nombre!
¡Bendito sea Dios Padre, Creador del mundo!
¡Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre!
¡Bendito sea el nombre de Jesús!
¡Bendito sea su Sacratísimo Corazón!
¡Bendita sea su Preciosísima Sangre!
¡Benditas sean sus llagas salvadoras!
¡Bendito sea su Santísimo Rostro, fuente de consuelo!
¡Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar!
¡Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito!
¡Bendita sea la excelsa Madre de Dios, la Santísima Virgen María!
¡Bendita sea su santa e Inmaculada Concepción!
¡Bendita sea su gloriosa Asunción!
¡Bendito sea el purísimo Rostro y Corazón de María!
¡Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre!
¡Bendito sea san José, su castísimo esposo!
¡Bendito sea Dios en sus almas que sufren en el purgatorio!
¡Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos!
Amén.
La Flecha de Oro
Sea por siempre alabado, bendito, amado, adorado y glorificado el altísimo, adorabilísimo e inefable Nombre de Dios en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, por todas las criaturas salidas de la mano de Dios, y por el Sacratísimo Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. Amén.
El divino Redentor dijo una vez a la devota sor María de San Pedro: «La blasfemia es una flecha envenenada que hiere Mi Corazón. Te daré una Flecha de Oro que repara la profanación y blasfemia del Santísimo Nombre de Dios.» Después de que sor María recibió esta oración, tuvo una visión divina en la que vio el Sagradísimo Corazón de Jesús tiernamente herido por esta Flecha de Oro. Torrentes de gracia brotaron de Él para la conversión de los pecadores. Uso de la oración: Orada tres veces en honor de la Santísima Trinidad; indulgencia parcial, 15 de abril de 1881.
Y cuando veamos u oigamos que se dice o hace mal o se blasfema a Dios, digamos bien y hagamos bien y alabemos a Dios, que es bendito por toda la eternidad.
(San Francisco)
Peticiones especiales al Espíritu Santo
Oh Espíritu Santo, te pido humilde e insistentemente,
concédeme una gracia muy especial,
que imploro de tu infinita misericordia.
Haz que antes de mi muerte repare todas las pérdidas de gracia
que tuve la desgracia de sufrir.
Haz que alcance el grado más alto de gracia, mérito y gloria
al que, según tu primera intención, querías conducirme,
pero que hasta ahora he frustrado por mi constante infidelidad.
Por último, perdóname los pecados que he cometido en complicidad con otros
y corona tu misericordia para conmigo
reparando tú mismo en las almas las pérdidas de gracia
que sufrieron por mi culpa.
Amén.
Oración diaria del P. Beda Ludwig OSB. Imprimatur: Friburgi Helv. 4.2.1950.
Una espina dolorosa
Una espina muy grande y dolorosa en el Inmaculado Corazón de María es la cruel secta de la Masonería, fundada en Londres en 1717. Dondequiera que pone pie, se introduce en todos los niveles de la sociedad y todas las instituciones del Estado, para finalmente someter todo a su espíritu satánico.
Una de las formas más refinadas de su lucha contra su archienemigo – la Iglesia Católica – consiste en infiltrar la Iglesia, procurando «amigos» hasta los más altos dignatarios eclesiásticos, que luego se convierten en siervos de Lucifer como lobos con piel de oveja.
El Papa Pío VIII la llama una secta satánica que tiene al demonio por dios. Veinte años después de su fundación la Iglesia condenó esta asociación antirreligiosa con la máxima pena eclesiástica de excomunión.
La esencia de la religión masónica consiste en la perversión, en la inversión del orden de la creación dado por Dios, volviendo todos los fundamentos teológicos y morales de la fe católica en su opuesto. Con esta actitud está a la vanguardia en la promoción del aborto, del «matrimonio» entre personas del mismo sexo y de la eutanasia, lo que la convierte en la perfecta anti-iglesia.
Cfr. La verdadera faz de la Masonería, Obispo Atanasio Schneider en una conferencia para la serie de TV Tema de la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, 2017
Oración por los masones
Señor Jesucristo,
tú manifiestas sobre todo tu omnipotencia cuando perdonas y te compadeces.
Tú has dicho:
«Rezad por los que os persiguen y os calumnian».
Imploramos la dulzura de tu Sacratísimo Corazón para las almas de los masones,
que, engañadas por la pérfida astucia del enemigo malo,
caminan hacia la perdición eterna.
No permitas que la Iglesia, tu Esposa, siga siendo oprimida por ellos,
sino concédeles, por intercesión de la santísima Virgen María y de todos los santos,
tu infinita misericordia.
Condúcelos de nuevo a ti,
para que, mediante una verdadera penitencia, den consuelo a la Iglesia,
reparen sus fechorías
y alcancen así la bienaventuranza eterna.
Amén.
Un masón es la persona más esclava, cuya eterna salvación está más amenazada. Ojalá surja en la Iglesia un movimiento para salvar las almas de nuestros hermanos masones, sobre todo mediante la oración del Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María. Su Inmaculado Corazón triunfará, también sobre la Masonería y el comunismo, y por María Dios concederá a la humanidad y a la Iglesia un tiempo de paz.
Consagración Total a María
¡Oh Inmaculada, Reina del cielo y de la tierra,
Refugio de los pecadores y nuestra Madre,
que nos amas tanto y a quien Dios ha confiado todo el orden de la misericordia!
Yo, N., pecador infiel,
me postro a tus pies y te suplico desde lo más profundo de mi corazón:
Dígnate aceptarme íntegra y completamente como tu posesión y tu propiedad.
Haz conmigo lo que te plazca, con todas las facultades de mi alma y cuerpo,
con toda mi vida, mi muerte y mi eternidad.
Dispon de mí enteramente según tu voluntad,
para que se cumpla lo que de ti se dice:
«Ella aplastará la cabeza de la serpiente.»
e igualmente:
«Tú sola has vencido todas las herejías en todo el mundo.»
Hazme un instrumento en tus manos para servirte,
para aumentar tu gloria cuanto sea posible
en tantas almas caídas y tibias.
Así se extenderá cada vez más el suave reinado
del Santísimo Corazón de Jesús.
Pues dondequiera que entras, obtienes la gracia de la conversión y la santificación,
ya que todas las gracias nos llegan del Santísimo Corazón de Jesús únicamente por tus manos.
Concédeme alabarte, oh Santísima Virgen,
y dame poder contra tus enemigos.
Amén.
(San Maximiliano M. Kolbe)
A la Reina de los Santos Ángeles
Augusta Reina de los Cielos y Soberana Señora de los Ángeles,
tú, que desde el principio recibiste de Dios el poder y la misión
de aplastar la cabeza de Satanás,
te suplicamos humildemente
que envíes tus legiones celestiales
para que, bajo tus órdenes, persigan a los demonios,
los combatan en todas partes, repriman su audacia
y los precipiten al abismo.
«¿Quién como Dios?»
Oh buena y tierna Madre,
¡tú serás siempre nuestro amor y nuestra esperanza!
Oh Madre de Dios, envíanos a los santos ángeles
para que nos defiendan y alejen de nosotros al enemigo malo.
Santos ángeles y arcángeles, ¡defendednos y protegednos!
Amén.
El 13 de enero de 1864, el fundador de la Congregación de las Siervas de María, el padre Cestac (1801–1868), se sintió de pronto sacudido, como por un rayo de claridad divina, en el santuario de Nuestra Señora del Refugio, en Anglet (Pirineos). Vio a los demonios esparcidos por todo el mundo y causando en todas partes daños indecibles. Al mismo tiempo tuvo una visión de la santísima Virgen María, que le dijo que, en efecto, los demonios estaban desatados en todo el mundo. Por eso había llegado la hora de invocarla como Reina de los ángeles y de pedirle que enviara legiones de santos ángeles para combatir a los poderes del infierno. «Madre mía», dijo el sacerdote, «tú eres tan buena, ¿no podrías enviarlos sin que se te pida?». «No», respondió la santísima Virgen, «la oración es una condición que Dios establece, también cuando se quieren recibir gracias». «Si es así, Madre mía, ¿querrías enseñarnos cómo hay que rezar?». Entonces recibió de la santísima Virgen la oración «Augusta Reina», y la difundió por todo el mundo con la aprobación del obispo. Esta oración, acompañada de gracias extraordinarias, fue recomendada por el papa Pío IX y enriquecida por León XIII y Pío X con la concesión de una indulgencia plenaria.