Consagración al Inmaculado Corazón de María
Consagración al Inmaculado Corazón de María
¡Santísima Virgen María! ¡Madre de Dios y mi Madre! Me consagro a Tu Inmaculado Corazón con todo lo que soy y tengo. ¡Acógeme bajo tu protección maternal! Presérvame de todo peligro. Ayúdame a vencer las tentaciones que me llevan al mal, para que preserve la pureza de mi cuerpo y alma. Tu Inmaculado Corazón sea mi refugio y el camino que me conduzca a Dios.
Obtén para mí la gracia de orar y sacrificarme con frecuencia por amor a Jesús, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra Tu Inmaculado Corazón. En unión contigo y con el Corazón de Tu divino Hijo, deseo vivir en total consagración a la Santísima Trinidad, en quien creo, a quien adoro, en quien espero y a quien amo. Amén.
(Hna. M. Lucía de Fátima)
Imprimatur: Fátima, 1 de julio de 2006, Antonio, Ep. Leir.-Fatimensis
Cuando nos consagramos a la Madre de Dios para hacer todo con María, en María, por María y para María, ella nos conduce seguramente a la consagración total a Jesús. Al mismo tiempo, mediante esta consagración ponemos nuestras posesiones interiores y exteriores, sí incluso el valor de todas nuestras buenas obras, en manos de María, para que ella las preserve, aumente y embellezca. Lo que así confiamos a María no puede ser arrebatado por ningún ser humano, ni por el enemigo malvado, ni por nuestra propia fragilidad. Además, con ello practicamos la caridad cristiana en alto grado, porque permitimos a María disponer de nuestros bienes espirituales para el beneficio de vivos y difuntos.
(Cf. San L. M. Grignion de Montfort, El Libro de Oro, pp. 233–238)