Oración a la Reina de los santos ángeles («Augusta Reina»)
Oración a la Reina de los santos ángeles («Augusta Reina»)
Augusta Reina de los Cielos y Soberana Señora de los Ángeles,
tú, que desde el principio recibiste de Dios el poder y la misión
de aplastar la cabeza de Satanás,
te suplicamos humildemente
que envíes tus legiones celestiales
para que, bajo tus órdenes, persigan a los demonios,
los combatan en todas partes, repriman su audacia
y los precipiten al abismo.
«¿Quién como Dios?»
Oh buena y tierna Madre,
¡tú serás siempre nuestro amor y nuestra esperanza!
Oh Madre de Dios, envíanos a los santos ángeles
para que nos defiendan y alejen de nosotros al enemigo malo.
Santos ángeles y arcángeles, ¡defendednos y protegednos!
Amén.
El 13 de enero de 1864, el fundador de la Congregación de las Siervas de María, el padre Cestac (1801–1868), se sintió de pronto sacudido, como por un rayo de claridad divina, en el santuario de Nuestra Señora del Refugio, en Anglet (Pirineos). Vio a los demonios esparcidos por todo el mundo y causando en todas partes daños indecibles. Al mismo tiempo tuvo una visión de la santísima Virgen María, que le dijo que, en efecto, los demonios estaban desatados en todo el mundo. Por eso había llegado la hora de invocarla como Reina de los ángeles y de pedirle que enviara legiones de santos ángeles para combatir a los poderes del infierno. «Madre mía», dijo el sacerdote, «tú eres tan buena, ¿no podrías enviarlos sin que se te pida?». «No», respondió la santísima Virgen, «la oración es una condición que Dios establece, también cuando se quieren recibir gracias». «Si es así, Madre mía, ¿querrías enseñarnos cómo hay que rezar?». Entonces recibió de la santísima Virgen la oración «Augusta Reina», y la difundió por todo el mundo con la aprobación del obispo. Esta oración, acompañada de gracias extraordinarias, fue recomendada por el papa Pío IX y enriquecida por León XIII y Pío X con la concesión de una indulgencia plenaria.