La novena del Padre Nuestro
La novena del Padre Nuestro
¡Padre nuestro, que estás en el cielo!
Te invoco, Padre celestial: ten piedad de mí y de todos los hombres de la tierra que son de buena voluntad. Haz que todos reconozcamos cada vez más que hemos sido llamados a amarte y a servirte en este mundo, para poder participar un día en tu gloria eterna.
¡Santificado sea tu nombre!
Como tu Hijo Jesús, deseo ardientemente que tu nombre sea alabado y honrado en todas partes.
¡Venga a nosotros tu reino!
Que tu reino abarque cada vez más a toda la humanidad: que crezca, florezca y dé abundante fruto en los corazones de tus hijos e hijas en la tierra.
¡Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo!
Haz que los hombres comprendan cada vez más profundamente que la verdadera paz y la felicidad solo se encuentran en el cumplimiento perfecto de tu voluntad, en la observancia de tus mandamientos.
¡Danos hoy nuestro pan de cada día!
Padre de misericordia, concede a tus hijos de todo el mundo el alimento necesario para el alma y para el cuerpo. Haz que reconozcamos cada vez más cuán saludable es la santa Comunión recibida cada día con dignidad.
¡Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden!
Padre bondadoso, te ofrezco, en reparación de mis pecados y de los de todos los hombres, de las indiferencias y de las faltas, la sangre, las llagas, los sufrimientos y los méritos de tu Hijo Jesús. Acepta su gran amor en compensación de nuestro deficiente amor a Dios, al prójimo y a los enemigos.
¡No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal!
Padre misericordioso, aleja al espíritu maligno, al mundo con sus astucias y la «ocasión próxima», para que yo y todos los que te son queridos podamos vivir y servirte en tu gracia y en tu paz. Envía a tus santos ángeles, por intercesión de su Reina, para protegernos, y bendícenos. Amén.
Imprimatur: Secretaría del Arzobispado de Salzburgo, 20 de febrero de 1985.