El Escapulario de Nuestra Señora del Monte Carmelo
El manto de la misericordia en la vida y en la muerte
La devoción al escapulario hace fluir hacia el mundo un poderoso torrente de gracias espirituales y temporales. Papa Pío XII
Este folleto del Movimiento Mariano de Sacerdotes y Laicos presenta el escapulario marrón de Nuestra Señora del Monte Carmelo: sus raíces bíblicas en el Carmelo, la gran promesa a San Simón Stock, el privilegio sabatino, numerosas gracias concedidas, así como el rito eclesiástico de la bendición e imposición.
Índice
- Prólogo
- El monte de la Madre de Dios
- Un profeta como el fuego
- La pequeña nube
- La gran promesa
- Anhelo del vestido del cielo
- Participación en el tesoro de la familia
- ¿Cómo puedo alcanzar las promesas?
- El privilegio sabatino
- En la escuela de María
- El cinturón de seguridad del cielo
- Recuerdo de la gracia del escapulario
- El manto de la misericordia
- Portadores de la verdadera fe
- Gracias concedidas por medio del escapulario
- Bendición e imposición del escapulario marrón
- Oración a la Reina del Carmelo
Prólogo
Millones de católicos llevan con reverencia y confianza el santo escapulario de Nuestra Señora del Monte Carmelo sobre su corazón.
Es un signo especial de consagración al Inmaculado Corazón de María y una prenda de la salvación eterna, tal como la Madre de Dios se lo reveló a San Simón Stock. María sabe muy bien en qué peligros y tribulaciones se encuentran sus hijos día tras día. Por eso les ofrece, como protección para el cuerpo y el alma, este «pequeño hábito del cielo», totalmente impregnado de los grandes tesoros de gracia de la Orden del Carmen. Con las palabras de la Sagrada Escritura invita tiernamente a cada uno de sus hijos: ¡Grábame como sello en tu corazón! (Cant 8,6)
Muchas personas recibirían con alegría el santo escapulario si supieran qué extraordinarias promesas están unidas a él. En este sentido, el Movimiento Mariano de Sacerdotes y Laicos se ha propuesto la tarea de difundir y renovar esta devoción al servicio de la Madre de Dios, para bendición de muchas personas.
Me alegro de todo corazón por este pequeño folleto y deseo a todos los que lo lean abundantes gracias de Nuestra Señora del Monte Carmelo.
+ Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Santa María en Astaná, en la fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo, 16.07.2025, en el Año Santo
Monte Carmelo
El monte de la Madre de Dios
El Carmelo es un monte santo.
Ya en la Sagrada Escritura se alaba la belleza llena de gracia de la cordillera del Carmelo, situada entre el Mediterráneo y la llanura de Jezrael. Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo (Cant 7,6), dice el Esposo en el Cantar de los Cantares, alabando así la belleza de su amada.
En efecto, el monte Carmelo se ha convertido en la Biblia en símbolo de belleza y fertilidad. Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo. (Is 35,2)
La belleza y la santidad atribuidas al Carmelo como cualidades típicas se unen, según la interpretación de los Padres de la Iglesia, en la persona de la Madre de Dios, María, que por su lugar en la historia de la salvación está por encima de todas las criaturas.
Y esta maravillosa Madre y Reina del Carmelo ofrece a sus hijos, tan necesitados de ayuda, el santo escapulario como signo de su especial protección, para conducirlos con seguridad al monte de la transfiguración eterna.
¡Toda bella eres, amada mía, no hay defecto en ti! Cant 4,7
Grábame como sello en tu corazón, grábame como sello en tu brazo. Cant 8,6
Estatua de la Madre de Dios en la basílica del monte Carmelo
Un profeta como el fuego
El monte Carmelo y su historia están inseparablemente unidos a la poderosa vocación del profeta Elías, de quien dice el primer volumen del Speculum Carmelitanum de 1680: Elías, profeta santísimo, sumo sacerdote, primer monje y fundador de la vida monástica; heraldo, venerador e imitador de la Madre de Dios; futuro precursor, apóstol y mártir de Cristo.
Al comienzo de su misión está la palabra del Señor, que le ordena: Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Querit… (1 Re 17,2-3) Elías debía cosechar primero, en la soledad purificadora, con la hoz de la oración y de la penitencia, aquella semilla que más tarde habría de esparcir con sus ardientes predicaciones en los corazones del pueblo extraviado.
Aquí se nos abre una profunda realidad espiritual: con cada contacto con Dios en la oración y en la unión consciente de nuestra voluntad con su Divina Voluntad, cosechamos semilla celestial que da abundante fruto no solo en el campo de nuestra propia alma, sino también en el campo de las almas de todas las personas que Dios nos ha confiado.
Sal de aquí, dirígete hacia oriente y escóndete en el torrente de Querit. Habrás de beber sus aguas y he ordenado a los cuervos que allí te suministren alimento.1 1 Re 17,2-4
1 El «Sal de aquí» y el «Escóndete» han de ser una alusión al hombre que debe desprenderse del mundo pasajero para ejercitar, con ayuda de la gracia, las virtudes por las que llega a la pureza de corazón. El «Dirígete hacia oriente» llama al combate contra la concupiscencia natural de la carne, y el «Escóndete en el torrente de Querit» significa apartarse del bullicio de los hombres y liberarse del pecado mediante el ejercicio del amor. Así puede el hombre beber del «torrente» de su corazón, siendo capaz de saborear la presencia de Dios en lo más íntimo de su ser. A quien así busca primero – según la palabra de Jesús – el Reino de Dios (cf. Lc 12,31), Dios le envía los cuervos de los bienhechores corporales y espirituales, que le dan el pan necesario para el cuerpo y el alma. Cf. Der Karmel im Heiligen Land, ed. por Silvano Giordano OCD, Wien 2025, p. 38.
Hasta la hora presente, Elías es un modelo especial para todos los que llevan una vida consagrada a Dios en el recogimiento, así como para todos los sacerdotes y obispos a quienes Dios llama a fortalecer y defender la Iglesia con su testimonio intrépido a favor de la verdadera fe católica.
Sobre un sacrificio de tan valiente confesión reposa la complacencia divina, y este atrae del cielo una bendición abundantísima.
La siguiente escena de Elías, la del «juicio del fuego» en el Carmelo, nos lo pone ante los ojos de manera conmovedora.
En tiempos del rey Ajab de Israel (hacia el 874 a. C.) reinaba entre el pueblo una gran confusión debido a la mezcla de diversas religiones. Esta desgracia fue provocada sobre todo por Jezabel, la esposa obstinada y sedienta de poder del rey. Ella corría tras los baales e hizo matar a los profetas del Señor, con lo cual la fe en Yahveh se fue debilitando cada vez más. En esta gran necesidad Dios envió al profeta Elías para devolver a los israelitas a una auténtica relación con Dios y a la fidelidad a la alianza.
El libro del Eclesiástico dice de Elías: Surgió el profeta Elías como un fuego (Eclo 48,1). Su nombre indica su programa, pues Elías significa: «Mi Dios es verdaderamente el Señor». A la palabra del Señor reunió a todo el pueblo en el monte Carmelo para demostrar, en el sublime nombre de Yahveh, la nulidad de los falsos ídolos. Igual que el santo arcángel Miguel, este valiente hombre de Dios alzó su voz y exclamó: ¿Hasta cuándo vais a estar cojeando sobre dos muletas? Si el Señor es Dios, seguidlo; si lo es Baal, seguid a Baal. (1 Re 18,21)
El intrépido profeta se encontraba completamente solo frente a los 450 sacerdotes de Baal y les propuso levantar un altar para Yahveh y otro para Baal. Luego se invocaría alternativamente a Yahveh y a Baal. El dios que responda por el fuego, ese es Dios. (1 Re 18,24) Desde la mañana hasta el mediodía, los profetas de Baal invocaron a su ídolo vano, cada vez más enfurecidos, pues no hubo voz ni respuesta. (1 Re 18,26)
Entonces Elías comenzó a preparar el altar del sacrificio para Yahveh. Tras una invocación breve y esencial Cayó el fuego del Señor que devoró el holocausto y la leña, lamiendo el agua de las zanjas. (1 Re 18,38) Ahora la verdad se había impuesto, y los presentes se vieron obligados a reconocer la ceguera de su corazón y la necedad de su conducta. Se postraron rostro en tierra y exclamaron: ¡El Señor es Dios. El Señor es Dios! (1 Re 18,39) A los sacerdotes de Baal el profeta los hizo llevar al torrente Quisón y allí darles muerte.2
2 Así como Elías dio muerte a sus adversarios en presencia del rey Ajab y del pueblo de Israel, así también nuestro Redentor combatió contra el príncipe de este mundo y sus seguidores y los venció con su Pasión y su Cruz. Y consagra el altar del Señor, que estaba derruido, es decir, los corazones de los fieles, que Él purifica de la suciedad del pecado, como lugar de sacrificio para Dios. (Albert Ohlmeyer, Elias Fürst der Propheten, Imprimatur: Freiburg im Breisgau, 20.12.1962)
El dios que responda por el fuego, ese es Dios. 1 Re 18,24
Elías
La pequeña nube
En las alturas del Carmelo, Elías, príncipe de los profetas, había obtenido una victoria resplandeciente. Los hombres de Israel habían vuelto a doblar la rodilla ante la adorable majestad de Dios y, gracias al portentoso milagro del fuego, pudieron ser reconducidos a la fidelidad a su Dios de la alianza. Elías, que era un santo y un hombre de fe, sabía bien que toda la fuerza venía de Dios, y así su éxito no hizo sino volverlo más humilde.
Callado y fiel a su misión, el hombre de Dios se puso en camino, tras la gran contienda con los profetas de Baal, hacia la cumbre del monte Carmelo. Sumido en intercesión y adoración, con la cabeza inclinada entre las rodillas, suplicó a su Dios la lluvia tan anhelada. Por fin envió a su criado a otear el horizonte. Y, en efecto, a la séptima vez este divisó una nubecilla, pequeña como la palma de una mano, que se levantaba sobre el mar.
Esta pequeña nube se fue acercando cada vez más y finalmente se abrió sobre la tierra reseca y le dio la lluvia redentora.
La tradición carmelita vio siempre en este episodio del relato de Elías (1 Re 18,36-41) un anuncio velado de la Virgen María.3
Esta prefiguración contiene ya todos los elementos de la vocación carmelita: la oración fiel y perseverante en el silencio, la intercesión por la humanidad necesitada, así como el anuncio de la bendición divina. Y en el corazón de esta vocación se encuentra la presencia misteriosa de la purísima Virgen María, la regia dispensadora de todas las gracias.4
3 En la visión de la nube, María toma posesión, por así decirlo, de la cumbre del Carmelo como de su monte y consagra al profeta como primer carmelita, es decir, como verdadero habitante del monte Carmelo, obligado a la ley de este monte, a saber, la mariana: la veneración e imitación de María. María se muestra aquí ya como Reina del Carmelo, con derecho a reinar en su ámbito. (Das Kleid vom Himmel, de Gert Josef Weisensee, Lauerz 2000)
4 Cf. Philippe de Jésus-Marie OCD, Das Geheimnis des Karmel, durch das Skapulier mit Maria leben, Wien 2021.
La gran promesa
En el siglo XII se retiraron unos ermitaños al monte Carmelo y fundaron la Orden del Carmen, para llevar, bajo la protección de la Madre de Dios, una vida de contemplación. A causa de las graves persecuciones y tribulaciones que se abatieron sobre la Orden, San Simón Stock, que presidía a los carmelitas como 6.º Prior General, suplicaba sin cesar a la Madre de Dios que se hiciera cargo de la Orden y le concediera una prenda especial de su protección.
Los testimonios confirmados por la Iglesia lo relatan así:
Con frecuencia suplicaba (Simón Stock) a la Madre de Dios, la gloriosa Virgen María, patrona de la Orden, que concediera un privilegio a los hermanos que llevan su nombre. Cada día decía en sus fervientes oraciones: Flor del Carmelo, viña florida, esplendor del cielo, Virgen María, tú, la Única. Dulce Madre, que no has conocido varón, da a los hijos del Carmelo parte en tus privilegios, oh Estrella del mar.
Y un día, mientras rezaba con devoción esta oración, se le apareció la Madre de Dios, la gloriosa Virgen María, acompañada de una gran multitud de ángeles y con el escapulario de la Orden en las manos. Y le dijo: Recibe, hijo muy amado, este escapulario de tu Orden. Es el signo especial de gracia que he implorado para ti y para los hijos del Monte Carmelo. Quien muera vestido con esta prenda será preservado de las llamas eternas. Es un signo de salvación, una protección en los peligros, una prenda de paz y de una alianza eterna.5
En memoria de esta maravillosa aparición de la Madre de Dios, ocurrida el 16 de julio de 1251, la Iglesia celebra en ese día la fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo (Virgen del Carmen), la fiesta del escapulario.
5 Ibíd., así como Das Kleid vom Himmel.
María entrega a San Simón Stock el escapulario.
Anhelo del vestido del cielo
Cuando se conoció esta preciosa promesa de la Madre de Dios, también los fieles del mundo quisieron poseer esta inestimable prenda de una buena muerte. Papas y cardenales, emperadores y reyes, obispos y sacerdotes y millones de fieles se han revestido con este vestido de María para asegurarse su especial protección en la vida y en la muerte y participar de las numerosas gracias y privilegios.
San Simón Stock erigió la cofradía, confirmada por la Sede Apostólica, en honor de Nuestra Señora del Monte Carmelo, que fue recomendada por numerosos papas y enriquecida con valiosas indulgencias. Innumerables personas han obtenido salvación por medio del santo escapulario en enfermedades, en incendios, en peligros de ahogamiento, en heridas mortales, en peligros de seducción y en muchas otras necesidades, tanto corporales como espirituales, como lo atestiguan multitud de ejemplos en la historia de la cofradía.6
También yo llevo desde hace mucho tiempo el escapulario del Carmelo sobre mi corazón.7 San Juan Pablo II
6 Das Schutzkleid Mariä, del P. Thaddaeus Ballsieper O. Carm. Imprimatur: Bamberg 1958.
7 Cuando el Papa Juan Pablo II fue herido de bala el 13 de mayo de 1981, pidió, antes de la operación para extraerle la bala, que los médicos no le quitaran su escapulario. (Kämpfer des Rosenkranzes, de Donald H. Calloway MIC, Kißlegg 2024, Imprimatur: 31 de mayo de 2016)
Participación en el tesoro de la familia
El escapulario es la «edición en miniatura» del hábito de un carmelita y, por tanto, también un signo de fraternidad, pues por él se es acogido en la familia del Carmelo. En esta familia se recibe – junto con los hermanos y hermanas con quienes aún se camina aquí en la tierra – parte en el tesoro espiritual de todos los santos del Carmelo, estén canonizados o no.
Del mismo modo, con la imposición del escapulario se pasa a ser también miembro de la cofradía y se recibe parte en las muchas oraciones, buenas obras y méritos de los millones de miembros de la cofradía de todo el mundo.
Santa Teresa del Niño Jesús de niña (1881, antes de su ingreso en el convento)
¡Qué feliz soy de que estés revestida con el santo escapulario! Es una señal segura de predestinación, y ¿no estás por ello unida aún más íntimamente a tus hermanitas del Carmelo? De una carta de Santa Teresa del Niño Jesús a su amiga Céline Maudelonde
Glorificación de María en el cielo en medio de los santos de la Orden del Carmen
¿Cómo puedo alcanzar las promesas?
Para alcanzar las promesas especiales vinculadas al uso del escapulario, hay que ser revestido por un sacerdote con el escapulario bendecido y llevarlo de día y de noche alrededor del cuello, de modo que una parte caiga sobre el pecho y la otra sobre la espalda.8
Como preparación para recibir el escapulario marrón, conviene hacer una confesión sincera y tomar el firme propósito de venerar con fervor a la Madre de Dios, especialmente mediante el rezo del Rosario.
8 El escapulario debe constar de dos trozos cuadrados de tela de lana, unidos en ambos extremos por dos cordones o cintas. Si alguien, por razones comprensibles, no puede llevar el escapulario de tela, existe la posibilidad de llevar una medalla del escapulario debidamente bendecida. Esta fue permitida por el Papa Pío X en 1910, debido a las condiciones climáticas en parte difíciles de los territorios de misión. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la Madre de Dios habló expresamente del «vestido» y que el Papa Benedicto XV concedió una indulgencia de 500 días por besar el escapulario de tela, para señalar a los portadores del escapulario la importancia del escapulario de tela. Cuando haya que sustituir el escapulario, no es necesario que un sacerdote vuelva a imponerlo.
Escapulario marrón
El privilegio sabatino
Unos 70 años después de las promesas de la Madre de Dios a San Simón Stock, la Santísima Virgen María reveló al Papa Juan XXII el llamado privilegio sabatino, del cual le habló en una aparición: Quien entre en esta Orden y se dedique con entrega a este modo de vida será salvado eternamente y liberado de la pena de su culpa. Y si ellos (los hermanos de la Orden) llegan al purgatorio el día de su fallecimiento, yo, la Madre de la Gracia, descenderé allí el sábado después de su muerte y liberaré a los que encuentre y los conduciré al monte santo y a la vida eterna.
El Papa Juan XXII publicó esta gracia mediante una bula redactada de su propia mano el 3 de marzo de 1322 en Aviñón. Esta bula se llama «Bula Sabatina» por la liberación asegurada para el sábado, y fue confirmada por varios papas.
La promesa es la siguiente
Los difuntos que mueran en gracia de Dios serán liberados del purgatorio el primer sábado después de su muerte, si en vida llevaron el escapulario, guardaron la castidad propia de su estado,9 rezaron diariamente el Oficio parvo de la Santísima Virgen10 o, en su lugar, se abstuvieron de carne todos los miércoles y sábados.11
María, la más clemente de las madres, tampoco dejará de conducir lo antes posible a la patria eterna, por su intercesión ante Dios, según el llamado privilegio sabatino, a sus hijos que expían en el purgatorio las penas de sus pecados. Papa Pío XII
9 La castidad propia de cada estado constituye una parte esencial de la caridad cristiana, pues nos preserva de todo comportamiento posesivo hacia el prójimo y nos lleva, más bien, a tratarlo con todo el respeto que se le debe como hijo de Dios. (Das Geheimnis des Karmel)
10 Hoy se cuenta también el Rosario entre las oraciones que pueden sustituir el Oficio parvo de la Santísima Virgen.
11 Tragt das Skapulier!, de Paulus Deusdedit, Lauerz 1996-2004.
María intercede ante su Hijo por los miembros de su Orden:
Hijo mío, por este santo pecho que te amamantó, ten piedad de mis hijos y líbralos de los tormentos.
– Madre, hágase lo que has pedido. Inscripción de un exvoto del Carmelo (el cuadro está reproducido en el folleto impreso)
Papa Juan XXII
En la escuela de María
Nada es pequeño cuando se vive, como la Virgen María, con el corazón en la presencia de Dios y se escucha su santa voluntad para nuestra vida. Cada acontecimiento, cada encuentro da fruto para la eternidad. San Francisco de Sales gustaba de decir que cada instante nos transmite una orden de Dios y vuelve a la eternidad con lo que nosotros hemos hecho de él.
En nuestros pobres caminos humanos podemos obrar, para nosotros y para otros, cosas que tienen valor de eternidad. Es eterno en nosotros lo que viene de Dios: la vida de Dios, la vida de los hijos de Dios, infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Y así nos enseña María, cuando nos impone el escapulario, que el verdadero amor debe expresarse siempre en las pequeñas acciones de lo cotidiano: una sonrisa, un pequeño sacrificio o una molestia que se soporta por amor a Dios, un acto de paciencia, de humildad… Hay tantas posibilidades de pronunciar nuestro «sí», nuestro «fiat», como respuesta a la llamada de Dios.
En su libro El secreto de María escribe San Luis María Grignion de Montfort: Hay que hacer todas las acciones por María (…) y repetir con frecuencia en lo hondo del corazón: “¡Oh mi amada Señora, es por ti que voy aquí o allá, que hago esto o aquello, que soporto esta o aquella adversidad u ofensa!”
Y en los Consejos y recuerdos de Santa Teresa del Niño Jesús nos cuenta su hermana Céline hasta qué punto Teresa había penetrado en el espíritu y en las intenciones de María: Una tarde, a las tres, noté que rezaba, y le pregunté qué decía: Rezo un Avemaría para ofrecer mi trabajo a la Santísima Virgen. He adquirido la costumbre de obrar así cada vez que comienzo una obra.12
12 Das Geheimnis des Karmel.
San Francisco de Sales
El cinturón de seguridad del cielo
El Inmaculado Corazón de María late con cada fibra por Dios y por la salvación de los hijos de los hombres. Por eso la Santísima Virgen María quiere ponernos a salvo de nuestros tres peores enemigos – el mundo, el demonio y nuestra propia concupiscencia. Sí, quiere atarnos, por así decirlo, con un «cinturón de seguridad celestial» firmemente a su corazón maternal, para que no caigamos en el peligroso viaje hacia la eternidad.
Con su lenguaje claro, totalmente impregnado de celo por el honor de la Inmaculada, explica San Maximiliano M. Kolbe: El escapulario, el rosario y la Medalla Milagrosa: son tres cosas que la Inmaculada misma ha ofrecido para la salvación de los hombres.
Por eso María, en sus mensajes, dirige una y otra vez nuestra mirada hacia nuestra salvación y las postrimerías, de las que hoy se predica tan poco: la muerte, el juicio, el purgatorio, el infierno y el paraíso.
Y, sin embargo, son precisamente estas realidades a las que el escapulario quiere reconducirnos. ¿Cómo se puede llevar una vida cristiana profunda y auténtica si se olvida el sentido y la meta de la existencia humana con su dimensión de eternidad? Estamos llamados a elegir la vida, es decir, a decidirnos por Dios. Pero también podemos rechazar este don libre y cerrarnos a la infinita misericordia de Dios.
La tarea de María consiste en ayudarnos, en la hora decisiva de la muerte, a volvernos con confianza a nuestro Padre y – siguiendo el ejemplo del buen ladrón – a pedirle gracia. ¡Y además pide a Dios que nos convirtamos ya hoy!13
13 Cf. ibíd.
Recuerdo de la gracia del escapulario
Como el cielo conoce nuestra falta de memoria humana, la Providencia dispuso que las dos grandes apariciones marianas de los siglos XIX y XX – Lourdes y Fátima – concluyeran cada una bajo el signo del escapulario.
En efecto, fue el 16 de julio de 1858, fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo, cuando María apareció por última vez en la gruta de Massabielle. Ese día, según nos relata Bernadette, la Virgen permaneció en silencio, mostrándose al mismo tiempo más hermosa que nunca. María, Reina y ornamento del Carmelo, corona la serie de dieciocho apariciones con el recuerdo de su presencia en la Orden del Carmen.
De manera muy semejante quiso María mostrarse también a los pastorcitos en Fátima – cuando se les apareció por última vez el 13 de octubre de 1917 – como Nuestra Señora del Monte Carmelo, vestida con el escapulario.
Entrevista con Sor Lúcia
Es instructivo leer la entrevista con Sor Lúcia que se concedió en 1950 al Padre Howard Rafferty:
Padre Howard: En muchos libros sobre Fátima los autores no admiten que el escapulario es una parte integral de las apariciones.
Lúcia: ¡Ah, se equivocan!
El P. Howard pregunta entonces qué significado hay que atribuir a la aparición de Nuestra Señora cuando la Virgen lleva el escapulario en las manos.
Lúcia: Quería dar a entender con ello que deseaba que todos llevaran el escapulario. Añadió: El Santo Padre lo dijo al mundo entero, explicando que el escapulario es el signo de la consagración al Inmaculado Corazón de María. Hoy nadie puede eximirse de ello.14
El Padre Howard pregunta entonces a Sor Lúcia si el escapulario es indispensable para cumplir los deseos de Nuestra Señora de Fátima.
Lúcia: ¡Sí!
Padre Howard: ¿Diría usted que es tan indispensable como el Rosario?
Lúcia: ¡El Rosario y el escapulario están inseparablemente unidos!15
14 Alocución de Pío XII con motivo del 700.º aniversario del escapulario.
15 Tragt das Skapulier!
Nuestra Señora de Lourdes / Santa Bernadette
El manto de la misericordia
Con ayuda del escapulario, con el cual nos revestimos, por así decirlo, de Jesús y de María, nos colocamos en la corriente de amor que une estos dos Corazones santísimos. Así somos introducidos en la intimidad con el Dios uno y trino, para que en el corazón de la Iglesia, nuestra Madre, seamos amor y nuestra pequeña vida otorgue nueva gracia y fuerza a su Cuerpo Místico.
Pero ¿qué significa concretamente para nosotros «revestirnos» de Jesús y de María? Significa entrar en su vida, hacer nuestros su sentir, su querer y su obrar, su amor y su misericordia. Debemos, pues, revestir nuestro corazón con el pensamiento de Jesús y de María y despojarnos de los harapos de nuestros pecados pasados y de nuestras pasiones desordenadas. Igualmente debemos dejar caer todas nuestras máscaras, todos los disfraces hipócritas y mentirosos, para llevar así sobre nosotros solo el vestido de la verdad de Cristo. Y si en nuestra debilidad humana tropezamos y caemos una y otra vez, el escapulario puede convertirse para nosotros en un verdadero «manto de misericordia».16
La Virgen María estrecha a sus hijos quebrantados contra su Inmaculado Corazón y los reconcilia con su Divino Hijo.17 Pero también nosotros mismos debemos dejar que fluya esta amorosa misericordia, que podemos recibir cada día de nuevo, hacia todas las personas que Dios nos ha confiado, especialmente hacia aquellas que más necesitan de su misericordia. Y cuando apretamos el escapulario contra nuestro corazón y besamos una y otra vez la imagen de María, podemos hacerlo también en representación de otros, para envolverlos así en el manto de misericordia, revistiéndolos espiritualmente con el escapulario.
16 Cf. Das Geheimnis des Karmel, p. 113.
17 A continuación del sacramento de la Penitencia, el escapulario puede entenderse como firme propósito de fidelidad: representa el nuevo vestido, los nuevos hábitos con los que uno desea revestirse de ahora en adelante. La sola presencia de esta pieza de tela le recordará este deseo y será una invitación constante a confiar en la intercesión de María.
Oh María, tuyo soy para el tiempo y la eternidad.
Por ti y contigo quiero pertenecer ahora y para siempre totalmente a Jesús.
Amén.
Manto de la misericordia
Portadores de la verdadera fe
Llevar el escapulario sobre nuestro corazón significa también ser, con valentía y firmeza, portadores de la verdadera fe católica. Esta obediencia de fe filial y amorosa, que conmueve el corazón del Padre y nos protege de los ataques del demonio, nos la transmite la Madre de Dios cuando nos situamos con ánimo decidido en sus filas de batalla.
Pensemos aquí de nuevo en el profeta Elías, que en el monte Carmelo se alzó con ardiente celo por el Señor, Dios de los ejércitos (1 Re 19,10-14). En nuestra Iglesia vivimos ahora una situación dramática semejante a la de la época de Elías. Es la lucha entre la verdadera Iglesia y la anti-Iglesia, entre el verdadero Dios y los falsos ídolos, que se agudiza cada vez más. Escondido tras la máscara del liberalismo, modernismo, relativismo, naturalismo, etc., Lucifer ha logrado, como lobo con piel de oveja, caminar en medio de la Iglesia para sembrar confusión y perseguir a laicos, sacerdotes, obispos y comunidades religiosas fieles a la fe, que no doblan la rodilla ante los nuevos «dioses baales». (Cf. 2 Re 18,3-4)
María del Monte Carmelo
Si ahora nos preguntamos dónde está la verdadera Iglesia y cómo podemos permanecer fieles a la verdadera Iglesia, el mismo Jesús nos da la única y correcta respuesta: Ahí tienes a tu madre. (Jn 19,27) María es la Madre de la Iglesia ultrajada y perseguida, que la lleva en su Inmaculado Corazón, donde jamás puede perecer. Si nos consagramos a la Madre de Dios y seguimos sus maternales indicaciones, entonces vivimos por ella en medio del corazón de la verdadera Iglesia y no podemos extraviarnos.
Sí, celebraremos, después de todos los sufrimientos y persecuciones, con ella, la vencedora de todas las herejías,18 el triunfo que nos prometió en Fátima: ¡Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará!
18 La raíz de todo mal y de toda herejía es el orgullo espiritual, que tuerce y oscurece la mirada para la verdad. Este hecho tuvo que ser confirmado, a la fuerza, por un demonio a través de una persona poseída por la que rezaba el conocido exorcista Francesco Bamonte: El alma de aquella de ahí (la Madre de Dios) irradia su humildad. Si vosotros fuerais humildes, también vosotros irradiaríais luz y todos la verían. Por eso debo llevaros a ser soberbios, para que todos vean el negro del infierno en lugar de la luz del paraíso. Cada vez que ella os convence de renunciar a algo soberbio, gana una batalla. (Maria im Dienst des Exorzismus, de Francesco Bamonte, Imprimatur: Mons. Luigi Moretti, Vicariato di Roma, 20 de enero de 2010)
La Virgen sin mancha, vencedora de todas las herejías, no retrocederá ante el enemigo que levanta su cabeza contra ella. Si encuentra siervos fieles, obedientes a su mandato, obtendrá nuevas victorias, mayores de lo que podemos imaginar. San Maximiliano M. Kolbe
Gracias concedidas por medio del escapulario
De la historia de la cofradía del escapulario se han transmitido innumerables oraciones escuchadas y salvamentos. Los siguientes sucesos representan a muchos otros.
El escapulario en la noche de la muerte
Cuando un padre jesuita, por la noche, pasaba revista a los dormitorios de un internado, encontró a un niño arrodillado ante su cama. Al preguntarle por qué aún no se había acostado, respondió el pequeño: He dado mi escapulario al portero para que lo cosa, y todavía no me lo ha devuelto. No me atrevo a irme a dormir, por miedo a morir sin mi escapulario.
No temas, amigo mío, dijo el Padre, te lo darán mañana, vete a la cama y duerme tranquilo. Padre, no puedo irme a dormir, quizá muera esta misma noche. Y el niño rompió a llorar.
Entonces el Padre fue al portero y llevó al pequeño su escapulario. Contento y tranquilo, el niño besó su precioso tesoro y se durmió. A la mañana siguiente el Padre vio que el niño aún no se había levantado. Lo llamó, pero no obtuvo respuesta. El buen niño había muerto durante la noche.
Había besado su escapulario hasta quedarse dormido, y aún lo tenía apretado contra sus labios sonrientes.19
19 Tragt das Skapulier!
Virgen Madre de Dios mía, hazme enteramente tuyo.
Tuyo en la vida, tuyo en la muerte, tuyo en la desgracia, la angustia y la necesidad.
Tuyo en la cruz y en el amargo dolor, tuyo por el tiempo y la eternidad.
El escapulario escondido
Cuando Teresa, la amiga de Rose Hu, estaba encarcelada en una prisión de Shanghái por su fe católica, tuvo que compartir su celda con una bruja. Esta mujer le contó que estaba poseída por varios demonios, que le permitían hablar con los muertos. Durante un tiempo se ganó con ello el dinero, pero estos contactos la dejaban perturbada y agotada.
Un día de invierno temblaba de frío porque no tenía suficiente ropa. Teresa tuvo compasión de ella y cubrió a la mujer con su abrigo.
En pocos segundos la mujer empezó a gritar tan fuerte como pudo. Todos en la celda se asustaron. Dos minutos después la mujer volvió a callar y confió a Teresa que ahora estaba libre de los demonios.
Preguntó a Teresa si el abrigo tenía algo especial, y esta respondió que se trataba de un abrigo del todo corriente.
Pero cuando Teresa, más tarde, inspeccionó con atención su abrigo, descubrió que su madre había cosido un escapulario marrón en el forro. Después de esta experiencia la mujer abrazó la fe católica.20
20 Rose Hu, Mit Christus im chinesischen Straflager, Bobingen 2024.
¡El león no soporta al gallo, las abejas aborrecen el aceite, las serpientes la ruda, el búho aborrece la luz, el escarabajo pelotero no quiere las rosas, y los demonios no soportan el escapulario! Abraham a Sancta Clara21
21 El muy dotado agustino descalzo Abraham a Sancta Clara (1644-1709), oriundo de Baden-Wurtemberg, fue nombrado por Leopoldo I predicador de la corte imperial debido a su brillante talento oratorio y a su gran amor a la verdad.
Virgen del escapulario
Un sacerdote apóstata se convierte
El 5 de mayo de 1933 murió en Aigen, cerca de Salzburgo, el sacerdote apóstata Johann Kirchsteiger. Había trabajado mucho contra la Iglesia, como escritor y orador ambulante, e intervino especialmente en la doctrina católica sobre el matrimonio. A muchos los empujó al concubinato con sus dispensas, a muchas familias las hizo desgraciadas.
Pero una cosa había conservado: incluso como sacerdote apóstata llevaba el escapulario, por el cual María le obtuvo la gracia de la conversión.
Cuando, a los 79 años, llegó la hora de morir, volvió arrepentido a la Iglesia y todavía se reconcilió con Dios. Tras recibir los santos sacramentos de los moribundos, expiró.22
22 Tragt das Skapulier!
¡Ay, con qué amor y ternura abraza Dios a un pecador cuando este vuelve a Él! San Juan Bosco
El escapulario es también un recuerdo de nuestro vestido bautismal. Este representa el traje de fiesta que el Padre misericordioso ofrece a sus hijos que han regresado a casa. Philippe de Jésus-Marie OCD
La bala de mosquete en el pecho
En el año 1648, durante el asedio de la ciudad de Ypres por los franceses, el capitán del regimiento de Lombay recibió una bala de mosquete en el pecho. Por fortuna la bala quedó aplastada contra su escapulario, y no resultó herido en lo más mínimo. Encontraron la bala aplanada entre sus ropas. Para admiración de todos los presentes, la bala aplanada llevaba la huella de la imagen de la Santísima Virgen y del Niño Jesús.23
23 Tragt das Skapulier!
Lleva sobre tu pecho el santo escapulario del Monte Carmelo. San Josemaría Escrivá
El vestido de María protege de la desgracia
El 8 de mayo de 1842, en Francia, un vagón de ferrocarril abarrotado se incendió en plena marcha. Pasó mucho tiempo hasta que en la locomotora, delante, se dieron cuenta de la terrible desgracia y detuvieron el tren. Los gritos de los ocupantes no se habían oído.
Cuando el tren se detuvo, los viajeros heridos fueron sacados enseguida. Todos habían sufrido quemaduras graves o leves y tuvieron que ser llevados al hospital. Solo uno había salido, para asombro de todos, sin ninguna lesión.
Se le preguntó por la causa de este salvamento tan llamativo, incluso milagroso. Respondió: No puedo pensar en otra que esta. Y señaló el escapulario que llevaba. Desde que lo llevo, continuó, me encomiendo cada día a su especial protección. Y en efecto, era el único de todos los pasajeros que estaba revestido con este vestido de la Madre de Dios.24
24 Das Kleid vom Himmel.
Condenado a muerte
En el año 1625 ocurrió en Italia un milagro con el escapulario del Monte Carmelo que causó la mayor conmoción en toda Italia y fue decisivo para la gran popularidad del escapulario:
En el año 1620 Battista Bosio fue acusado de haber asesinado a dos nobles. Había cometido esta fechoría por encargo de su señor. Tras cierto tiempo en la cárcel se arrepintió de su acto y se convirtió. Invocó a la Madre de Dios del Monte Carmelo y se preparó para recibir el escapulario ayunando todos los miércoles y sábados en la cárcel. Durante tres años se mantuvo fiel a sus propósitos. Pidió a la Madre de Dios del Monte Carmelo que lo librara de su miserable estado. Por medio de uno de sus amigos había recibido una imagen de la Virgen del escapulario.
Cuando fue condenado a muerte, Battista Bosio insistió en recibir el escapulario. A petición suya vino el padre carmelita de Cremona y le impuso el escapulario. La sentencia de muerte por ahorcamiento fue fijada para el sábado 22 de marzo de 1625. El verdugo ató con dos fuertes sogas al arrepentido malhechor a un patíbulo muy alto. Pero la primera soga se rompió en varios lugares. Después de que el verdugo retiró la escalera, se rompió también la segunda soga.
El pecador arrepentido cayó desde lo alto del patíbulo sobre el duro suelo de piedra. No sintió dolor alguno. Los presentes asediaron al que era, evidentemente, protegido por la Madre de Dios. Conmovidos reconocieron una intervención del cielo, y el condenado a muerte fue indultado. Por este milagro el escapulario se hizo conocido y querido en toda Italia.25
25 Tragt das Skapulier!
Mirad la planta del jazmín. Despide el mejor olor cuando se pone el sol. Así es el santo escapulario. Nunca ayuda mejor que en la hora de la muerte, cuando precisamente la vida declina. Abraham a Sancta Clara
El testimonio de Pedro Molles
En el año 1636 un hombre llamado Pedro Molles, de España, llevaba una vida impía. Por ello perdió las gracias y los favores de sus propios padres y quedó completamente sin recursos. Entonces este hijo pródigo cayó en tal desesperación que decidió en su interior poner fin a su vida.
Cuando, con una soga al cuello, quiso subir a una escalera para dejarse caer desde ella, fue retenido por una fuerza invisible. Pero como persistía obstinadamente en su impío propósito, se le apareció el enemigo malo. Este le aconsejó que dejara de lado el trocito de tela del escapulario, pues de lo contrario no podría ayudarle a conseguir su fin, lo cual consternó al pobre infeliz. Se arrepintió de corazón de todos sus pecados y cambió su modo de vida.26
26 Ibíd.
El escapulario en el lecho de muerte
Don Francisco Zaldúa, ex presidente de la República de Colombia, era un excelente jurista, pero al mismo tiempo un enemigo encarnizado de la Iglesia católica. Siempre seguía la bandera de los liberales. Fue uno de los principales agitadores en la expulsión de los jesuitas y en la persecución a la que estuvieron sometidos.
Su hijo recibió en Roma una educación excelente y tenía una devoción especialmente grande a la Santísima Virgen, a quien pedía constantemente la conversión de su padre, sobre todo después de ser ordenado sacerdote. Don Zaldúa enfermó de gravedad, y todo lo que hizo el piadoso sacerdote para obtener la conversión de su padre fue en vano. Entonces se dirigió a María, refugio de los pecadores.
Cuando el estado de su padre empeoró tanto que la muerte parecía inevitable, redobló sus oraciones. Se acercó al lecho de muerte del infeliz y le dijo: Padre, todos los remedios humanos son inútiles. ¿No quieres probar la eficacia de una medicina sobrenatural? – ¿Qué medicina? – Que recibas y lleves el escapulario.27
El expresidente aceptó el ofrecimiento, inclinó la cabeza para recibir el escapulario y preguntó a qué le obligaba el escapulario. – A que hagas una buena confesión. Entonces el pobre moribundo tembló de miedo, pero tras un breve rato dijo: ¡Bien, llamad a un sacerdote! Después de hacer una confesión contrita, declaró en voz alta que quería morir como verdadero hijo de la Iglesia católica.28
27 Por boca de poseídos, el infierno tuvo que revelar que ningún sacerdote le perjudica más que los que difunden la devoción a María y al santo escapulario. Así exclamó una vez un demonio por boca de un poseído: ¡Oh vestido, cuántas almas me has arrebatado a mí y al infierno! (Das Schutzkleid Mariä)
28 Ibíd.
El enemigo malo es como un ave de presa que siempre acecha a las palomas inocentes. Es como un lobo al que sin cesar se le hace la boca agua por los corderos. Es como un escorpión que siempre está provisto de veneno. Es también un perro que nunca duerme. Pero nunca vela y acecha más, y nunca ruge más, que en la hora de nuestra muerte. Abraham a Sancta Clara
Bendición e imposición del escapulario marrón
Formula brevior. El sacerdote lleva sobre la sotana una sobrepelliz y una estola blanca.
V. Osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Et salutáre tuum da nobis.
Y danos tu salvación.
V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
Señor, escucha mi oración.
R. Et clamor meus ad te véniat.
Y llegue a ti mi clamor.
V. Dóminus vobíscum.
El Señor esté con vosotros.
R. Et cum spíritu tuo.
Y con tu espíritu.
Orémus.
Dómine Iesu Christe, humáni géneris Salvátor, hunc hábitum, quem propter tuum tuǽque Genetrícis Vírginis Maríæ de Monte Carmélo amórem servi tui (ancíllæ tuæ) devóte sunt delatúri (-æ) déxtera tua sanctí † fica, et eádem Genetríce tua intercedénte, ab hoste malígno defénsi (-æ) in tua grátia usque ad mortem persevérent: Qui vivis et regnas in sǽcula sæculórum. R. Amen.
Oremos.
Señor Jesucristo, Salvador del género humano, santifica con tu diestra este hábito, que tus siervos quieren llevar devotamente por amor a ti y a tu Madre virgen María del Monte Carmelo, para que, protegidos por la intercesión de tu Madre del enemigo maligno, perseveren en tu gracia hasta la muerte. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.
Rocía los escapularios con agua bendita y los impone a cada uno, diciendo:
Accipe hunc hábitum benedíctum precans sanctíssimam Vírginem, ut eius méritis illum pérferas sine mácula, et te ab ómni adversitáte deféndat, atque ad vitam perdúcat ætérnam. R. Amen.
Recibe este hábito bendito y pide a la Santísima Virgen que, por sus méritos, lo lleves sin mancha, y que ella te defienda de toda adversidad y te conduzca a la vida eterna. R. Amén.
Una vez que todos han recibido el escapulario, dice:
Ego, ex potestáte mihi concéssa, recípio te (vos) ad participatiónem ómnium bonórum spirituálium, quæ, cooperánte misericórdia Iesu Christi, a Religiósis de Monte Carmélo peragúntur. In nómine Patris, et Fílii, † et Spíritus Sancti. R. Amen.
Por la autoridad que me ha sido concedida, te (os) admito a la participación de todos los bienes espirituales que, con la ayuda de la misericordia de Jesucristo, realizan los miembros de la Orden del Carmen. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. R. Amén.
Bene † dícat te (vos) Cónditor cæli et terræ, Deus omnípotens, qui te (vos) cooptáre dignátus est in Confraternitátem beátæ Maríæ Vírginis de Monte Carmélo: quam exorámus, ut in hora óbitus tui (vestri) cónterat caput serpéntis antíqui, atque palmam et corónam sempitérnæ hereditátis tandem consequáris (consequámini). Per Christum Dóminum nostrum. R. Amen.
Te (os) bendiga el Creador del cielo y de la tierra, Dios todopoderoso, que en su gracia te (os) ha llamado a la cofradía de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo. Rogamos a la Virgen que, en la hora de tu (vuestra) muerte, aplaste la cabeza de la antigua serpiente, para que alcances (alcancéis) por fin la palma y la corona de la herencia eterna. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.
Rocía a la persona con agua bendita.
Oración a la Reina del Carmelo
Oh Santísima Virgen inmaculada, ornamento y esplendor del Monte Carmelo, que miras con rostro especialmente benigno a quienes están revestidos con tu venerable vestido, mírame también con bondad y acógeme bajo el manto de tu protección maternal. Fortalece mi debilidad con tu poder; ilumina las tinieblas de mi corazón con tu sabiduría; aumenta en mí la fe, la esperanza y la caridad. Adorna mi alma de tal modo con gracias y virtudes que sea siempre querida de tu divino Hijo y de ti. Asísteme en la vida, consuélame en la muerte con tu dulcísima presencia y preséntame a la Santísima Trinidad como hijo tuyo y fiel siervo tuyo, para que pueda entonces alabarte y glorificarte eternamente en el cielo. Amén.
Tres veces Avemaría y una vez Gloria al Padre.
(Oración con indulgencia del Papa León XIII.)
En verdad, una gran gracia del escapulario: participar en todas las oraciones, vigilias, limosnas, ayunos, santas misas, peregrinaciones, mortificaciones, obras de penitencia, todos los sufrimientos que se soportan, hasta el derramamiento de la sangre y la pérdida de la vida entre los infieles por la propagación de la fe, y en general de todo el bien que se hace en el mundo entero en tantos conventos carmelitas por mediación de la Santísima Virgen. Padre Grossi, autor del librito romano de la cofradía
El escapulario, el rosario y la Medalla Milagrosa: son tres cosas que la Inmaculada misma ha ofrecido para la salvación de los hombres. San Maximiliano María Kolbe