Saludo del enfermo al Niño Jesús
Saludo del enfermo al Niño Jesús
Oh amado y dulce Niño Jesús,
te saludo de todo corazón.
Tú, aquí en este valle de lágrimas,
eres mi consuelo, mi todo.
Te hiciste hermanito nuestro
por la fuerza de tu amor
y quieres seguir estando con nosotros
bajo la forma del pan consagrado.
Te saludo mil y mil veces
en el Santísimo Sacramento.
¡Quisiera, con la multitud de los ángeles,
alabarte sin fin!
Ay, si pudiera ir a la iglesia
a contemplarte bajo el velo de la Hostia.
Pero no: que se haga tu voluntad,
en ti quiero confiar con alegría.
Quiero aquí, en mi lecho de dolor,
honrarte, fiel y piadoso;
quiero pensar en ti de la mañana a la noche,
hasta que llegue a ti.
Si estoy en el dolor y el sufrimiento,
solo de día y de noche,
pienso en tu soledad
en el pequeño santuario de gracia.
Si mi sangre arde con la fiebre
y me queman las manos,
pienso en el ardor de tu amor
en el Santísimo Sacramento.
Si la paciencia quiere abandonarme
y siento el dolor en toda su hondura,
pienso en los tormentos de amor
que soportó un día tu Corazón.
Oh Niño Jesús, con gusto sufro
por ti, solo por ti,
por ti, que nunca estás lejos de mí,
¡tú me darás fuerza!
Oh, vuelve tu mirada tan dulce
hacia mí, pobre enfermo,
eres tú quien calma mi anhelo,
quien da paz y descanso.
Oh, cuando bendices con bondad
a la piadosa multitud que reza,
bendíceme también a mí, Niño Jesús,
que estoy lejos del altar.
Sí, bendíceme a mí, que confío en ti,
que todo te lo entrego,
que con fe te contemplo en espíritu
y que te amo para siempre.
Amén.